15.- Impensar las Ciencias Sociales : propuestas (teóricas) para (la acción de) la izquierda

Hoy toca meterse en esos caminos delicados donde lo teórico se mezcla con la propuesta para la acción, donde debemos posicionar temas complejos e impensar realidades heredadas y/o impuestas. ¿Deben las ciencias sociales apostar por la modernidad? ¿O son las propuestas posmodernistas las que deben conducir la acción? A medio camino entre ambas se sitúa el profesor Boaventura de Sousa Santos, cuya postura él mismo define como “posmodernismo de oposición”, opuesto tanto al modernismo como al posmodernismo celebratorio. De aquí pueden salir algunas ideas interesantes que la izquierda podría (o debería) tener en cuenta en el nivel teórico, pues éste también es guía para la acción…

Decía Don Durito de la Lacandona que “el problema de la realidad es que no sabe nada de teoría”. Eso sí, la teoría, y más aún la de las ciencias sociales, condiciona la realidad al influir en ella, modificándola a través de la actuación que se hace por la aplicación (o no) de la propia teoría. Y a día de hoy hay una teoría dominante que se ha hecho con el poder a través del dominio de la palabra, entre otras cosas. Entremos en “la guerra por la palabra” y hablemos de teoría, entonces.
Hoy propongo valorar la renovación que propone el profesor B. de Sousa Santos, cuyas ideas enlazan con muchas de las cosas que me interesan y que he ido o iré introduciendo en estas páginas: neoliberalismo, globalización, cuestionamiento de los paradigmas y valores heredados (impensamiento) de las ciencias sociales,  replanteamiento de la historia, el dominio de nuestros principios culturales sobre los demás (colonialidad y neocolonialismo) y su imposición global obligatoria… Queda vinculado también con el presente instantáneo, si bien lo rebasa, y deja algunas puertas abiertas para una reflexión analítica y teórica de mayor profundidad.

En su libro El milenio huérfano (Ensayos para una nueva cultura política) (Ed.Trotta, 2005) el profesor Sousa pone como punto de partida que las ciencias sociales que manejamos habitualmente “no dan cuenta de nuestro tiempo adecuadamente y, por eso, no confiamos en ellas para que nos orienten en los procesos de transformación social en curso…”. Desde la conciencia de que las ciencias sociales dominantes no sirven para explicar la realidad, y por tanto tampoco para influir en ella, plantea una renovación teórica y analítica que sigue tres líneas maestras, con las que estoy plenamente de acuerdo. Cito al profesor Sousa:

1)“El desafío de la renovación científica al que nos enfrentamos exige la elaboración de una nueva teoría de la Historia (…) que cumpla dos objetivos. Por un lado, que amplíe el presente de modo que dé cabida a muchas de las experiencias sociales que hoy son desperdiciadas, marginadas, desacreditadas, silenciadas por no corresponder a lo que en el momento, es consonante con las monoculturas del saber y de la práctica dominante. Por otro lado, que encoja el futuro de modo tal que la exaltación del progreso (que con tanta frecuencia se convierte en realismo cínico) sea sustituida por la búsqueda de alternativas a la vez utópicas y realistas”.

2)“La necesidad de superar los preconceptos eurocéntricos, nortecéntricos y occidentecéntricos de las ciencias sociales [lo que] hará posible dos resultados que son cruciales. En primer lugar permitirá revelar en toda su extensión la colonialidad del poder y del saber (…) En segundo lugar, la superación de los preconceptos fundantes será decisiva para ampliar los principios y los criterios de inclusión social mediante nuevas sinergias entre el principio de la igualdad y el principio del reconocimiento de la diferencia

3)“La necesidad de dar prioridad a la reconstrucción teórica del Estado y de la democracia en el contexto de lo que se conoce como ‘globalización’. Este último concepto, lejos de ser trivial, tiene connotaciones políticas y analíticas decisivas y, por lo tanto, debe, en sí mismo, ser objeto de escrutinio. Su análisis crítico permite mostrar hasta qué punto es responsable del descrédito del Estado y de la trivialización de la democracia. Al contrario de lo que pretende la globalización neoliberal, el Estado continúa siendo un campo decisivo de acción social y de lucha política, y la democracia es algo mucho más complejo y contradictorio de lo que las apresuradas recetas políticas promovidas por el Banco Mundial hacen suponer”.

Dejemos que concluya el profesor Sousa, definiendo dónde se sitúa: “Mi postura, que defino como posmodernismo de oposición, parte de la idea central de que vivimos en un tiempo caracterizado por la circunstancia de eternos problemas modernos (las promesas incumplidas de la modernidad: libertad, igualdad, solidaridad y paz) para los cuales parece no haber soluciones modernas. La designación de mi posición como posmodernismo de oposición me ha causado muchos desencantos, debido, por un lado a la hegemonía del posmodernismo celebratorio, sobre todo en los países del Norte, y, por otro lado a la intolerancia desesperada con que los científicos sociales, principalmente en los países del Sur, defienden el modernismo como si fuese la última tabla de salvación”.
Ya sé que hay conceptos de cierta densidad teórica, pero también creo que hay buenos puntos de partida para una reflexión de, al menos, cierta profundidad, que rebasan el marco de la actualidad que vivimos aquí, pero que tampoco la dejan de lado.

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