22.- Otro hipócrita: carta abierta a Gustavo de Arístegui

No hace muchos días, escribía un artículo (para mi blog, cada cuál tiene sus “fronteras”) partiendo de una frase de la ministra de Defensa Carme Chacón, que decía: “en demasiadas ocasiones nuestra prudencia ha significado benevolencia con los tiranos”. Criticaba también a Javier Solana por otra frase excelsa, entre otras cosas por lo que tiene de falta de vergüenza: “el esquema de que sólo había islam radical o represión radical se ha venido abajo”  [https://impensando.wordpress.com/2011/02/19/12-j-solana-c-chacon-periodistas-y-otras-miserias-varias/].

Unos días después volvía a repasar algunas de esas frases gloriosas de nuestros dirigentes, como la de la misma Carme Chacón en octubre de 2010, cuando decía que: “(…) hay que mantener unas relaciones privilegiadas con los países del Magreb, y en particular con Argelia, Marruecos y Mauritania”, que se completaban con la afirmación de J. Blanco ante la visita de Gadafi de junio de 2010 de que “es buena para España”, hecha después de que su jefe el presidente Zapatero señalase “las oportunidades de negocio para las empresas españolas”, y una vez el dirigente libio había tenido una cena privada con Aznar, había sido recibido por el rey, e incluso Gallardón, como alcalde de Madrid, no había querido perderse la oportunidad de salir en la foto con el muy democrático dirigente libio Gadafi [https://impensando.wordpress.com/2011/02/22/15-carme-chacon-volvemos-a-las-andadas/]. Bono, mientras tanto, daba los parabienes a Obiang, a quien ¿quién sabe?, si algún día Guinea cambia, habrá que atacar por “habernos engañado”. Y es que da la impresión de que nos engañan, que nos venden ser otra cosa de lo que son. Eso nos lleva a la conclusión de que nuestros representantes son muy tontos, lo que no creo (o al menos del todo), o que otras cosas priman… Y, para nuestro invitado de hoy, esto vale por partida doble, porque no sólo es un tipo preparado e inteligente, sino que además ha participado en actividades de gobierno en el extranjero y domina la escena internacional como pocos (al margen de que no comparta prácticamente nada de su pensamiento y de su forma de ver las cosas).

Veamos como Gustavo de Arístegui nos ayuda a cubrir el cupo de hipocresías. El 28 de febrero, el portavoz de Exteriores del PP en el Congreso escribía en El Mundo un artículo titulado titulado El esperpento de la ‘Yamahiria’ libia [no lo he encontrado, pero lo rescato de su blog:  http://blogs.periodistadigital.com/aristegui.php/2011/02/28/esperpento-de-la-yamahiria-libia-], donde vuelve a abundar en cosas que ya me suenan bastante y que me molestan más.

Tras comenzar haciendo un breve recorrido por la Libia de Gadafi desde su llegada al poder en 1969, afirma que “pasé casi tres años en ese país como segundo jefe de la Embajada española en Trípoli, donde pude comprobar la brutalidad de su régimen, su carácter implacable, la persecución de la más mínima discrepancia, el asesinato político impune de propios y extraños (…) La Libia de Gadafi era de los lugares más siniestros del mundo de los dictadores, que ya es decir”. ¿Y por qué no lo denunció entonces? ¿Por qué no renunció a su cargo? ¿Por qué no presionó a nuestro Gobierno para ejercer presión en lugar de ir logrando acuerdos económicos, que por un lado nos favorecen, pero por otro legitiman a los países con los que establecemos relaciones? Quizá en aquéllos momentos usted tuviese otra visión de las cosas, ya que nos dice la wikipedia que “en junio de 1993 organizó un viaje de 14 empresarios españoles a cuyo frente estaba en Director General del Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe para intentar paliar el déficit comercial español con Libia. Gracias en parte a esa visita las exportaciones pasaron de los 29 millones de dólares en ese año a 200 millones en 1995”.

¿Cómo se le llama a esto, dignidad democrática? Claro que ahora que la tortilla se ha dado la vuelta es fácil criticar la realpolitik que uno mismo practicó, y además jugar con argumentos falaces. Veámoslo con sus propias palabras, a fin de que no quede duda de lo que dice: “Europa y Occidente tenemos que hacer una seria reflexión. Todas estas revoluciones nos han cogido con el paso cambiado, Europa ha practicado una silenciosa y cómplice realpolitik que ha creído al pie de la letra que estos regímenes eran los únicos garantes de la paz y de la estabilidad en la región, los únicos capaces de controlar al islamismo radical , y que la alternativa era el caos, la violencia, el terrorismo o regímenes antioccidentales de corte islamista radical. Es evidente que nos hemos equivocado, es evidente que caímos en la trampa de pensar que la democracia llevaría a los radicales al poder, que la democracia y el mundo árabe eran incompatibles”.

Sorprendido me hallo. Aparte de lo falaz que suena (y que usted sabe que es mentira, que no les -no ponga un “nos” implícito- engañaron, sino que se dejaron engañar) casi literalmente en el mismo párrafo, suyo, las palabras de Chacón y Solana [mirad el primer párrafo y comparad]. ¿Por qué será que suena tan falso en uno como en los otros? ¿Creímos, señor Arístegui, quién es el “nosotros” de ese creímos? ¿Su partido, que hacía ese discurso? ¿Su entonces jefe, amigo íntimo de Gadafi? ¿El pueblo español en general, muchas veces inconsciente de que Libia era “uno de los lugares más siniestros del mundo”, lo que usted sí conocía?

Sigamos con lo que nos plantea el portavoz de Exteriores del PP: “Occidente y Europa [confieso que tanta referencia a Occidente empieza a cansarme –ver por ej. https://impensando.wordpress.com/2011/02/08/1-sobre-aznar-y-egipto-occidente-y-colonialidad/] hemos actuado desde el miedo muchas veces paralizante, hemos sido un juguete en manos de regímenes que nos vendieron una mercancía averiada y caducada, estabilidad a cambio de apoyo. En el diálogo con dictadores y regímenes totalitarios hay que hablar siempre de derechos humanos y no hacerlo de manera selectiva (…) no puede caber duda [de que] la promoción de la democracia debe ser el principal motor de nuestra política exterior, la española y la europea”.

Mire usted, si lo tiene tan claro no sé por qué usted y su partido han mantenido posturas tan cínicas. Ignoro qué valor tiene la medalla que usted recibió del MUY DEMOCRÁTICO REY DE MARRUECOS (2008, condecoración como Oficial de la Orden Wissam Al-Alawi del Reino de Marruecos). Claro que no es muy difícil ver que su postura pro-marroquí en el conflicto con el Sahara Occidental liga muy bien con su admiración por el (no me cansaré de insistir) muy democrático rey marroquí. Supongo que es a eso a lo que se refiere con “no hacerlo de manera selectiva”. No es muy difícil irse a su blog y, simplemente a vuelapluma, encontrar frases como éstas, dignas de empeño democrático tan a medias como el que manifestó en otras ocasiones aplicando la realpolitik  que ahora denigra: “La conclusión es clara, la gente quiere cambios, dentro de la tranquilidad, no ponen en cuestión la monarquía, sí al gobierno. Los marroquíes quieren que cambien los estilos, las estrategias, las normas, quieren verdadera democracia, igualdad, justicia y dignidad. El deseo de la mayoría es que todo se corone con reformas constitucionales e institucionales, para garantizar la continuidad y la estabilidad de sus reivindicaciones y que se recupere el espíritu la transición, que tantas esperanzas despertó al principio del reinado de Mohamed VI, y que hace unos años se estancó muy claramente. Pero la noticia de hoy y de la semana está en Libia, donde sin el más mínimo escrúpulo la Yamahiria, el “Régimen de las Masas” lleva asesinadas a cerca de 300 personas” [ver “Marruecos, cambio sí, revolución no, en: http://blogs.periodistadigital.com/aristegui.php/2011/02/21/marruecos-cambio-si-revolucion-no-].

Es evidente, hay que defender a Mohamed VI en nombre de todos los argumentos aportados en su artículo de hoy ¿Recordamos?: bueno, sólo uno, para no agobiar: “En el diálogo con dictadores y regímenes totalitarios hay que hablar siempre de derechos humanos y no hacerlo de manera selectiva”.

Y para ello, nada mejor que terminar el artículo sobre Marruecos diciendo que Libia sí que estaba mal, aunque ya de paso podamos abundar uno poco más en otras cuestiones y pedir para Marruecos reencontrar el espíritu de los primeros momentos de una transición encabezada por un rey corrupto, tirano y dictador donde los haya, y muy amigo del nuestro, quién también encabezó una modélica transición… que permitió afianzar una corona no querida por casi nadie hasta que el 23-F vino a poner los miedos encima de la mesa.

Quizá por ello nos deja un par de perlas más: “las transiciones son inciertas, las fuerzas políticas moderadas débiles (…) la falta de experiencia de la clase política en la gestión política acorde con los principios democráticos y escrupulosamente respetuosa con los derechos y libertades fundamentales es clamorosa, y potencialmente desestabilizadora…”. Confieso que no sé si se está refiriendo a los países islámicos actuales o ha vuelto usted la cabeza a nuestra transición, hecha por los que provenían del régimen anterior, nada demócratas (como ahora, por cierto, aunque intenten aparentarlo), con… ¡Ah! Casi me olvidaba, SU partido, que todavía no ha condenado aquél régimen caracterizado por miserias que suenan demasiado parecidas a las críticas que usted lanza hoy… ¿democracia selectiva? ¿O quizá es que cuando dice que “en el diálogo con dictadores y regímenes totalitarios hay que hablar siempre de derechos humanos y no hacerlo de manera selectiva” (vaya, es la 4º vez que lo pongo) en realidad se refiere usted a Chávez, Morales y demás “dictadores sanguinarios” a los que desde el primer momento ustedes crucificaron mientras protegían a todos los tiranos hoy caídos, cayendo o por caer del mal llamado mundo árabe (al que por cierto nuestro querido y campechano rey dio un apoyo estos días pasados… porque mientras no se mueva la gente, es mejor llevarse bien con el tirano, pese a lo que digan las palabras, porque suele tener recursos energéticos de los que nosotros carecemos… Ya luego cambiamos el discurso, como Chacón, como Solana, como usted, como tendrá que hacer Bono si algún día ocurre algo en Guinea…), o simplemente damos la vuelta a la chaqueta, como Trinidad Jiménez, renunciando a los principios antes que al cargo frente al conflicto saharaui.

Terminemos, que ya va siendo hora: “La única salida viable es la rápida, sólida y creíble institucionalización democrática de esos países, para evitar que el vacío de poder y la incertidumbre den alas a los islamistas radicales, que no han sido protagonistas de estas revueltas, pero que esperan agazapados a la primera oportunidad que se les brinde”. Perdone, pero no me aclaro. ¿No habíamos quedado en que “Europa y Occidente tenemos que hacer una seria reflexión (…) [que]. Europa ha practicado una silenciosa y cómplice realpolitik que ha creído al pie de la letra que estos regímenes eran los únicos garantes de la paz y de la estabilidad en la región, los únicos capaces de controlar al islamismo radical , y que la alternativa era el caos, la violencia, el terrorismo o regímenes antioccidentales de corte islamista radical. Es evidente que nos hemos equivocado, es evidente que caímos en la trampa de pensar que la democracia llevaría a los radicales al poder, que la democracia y el mundo árabe eran incompatibles”. Claro, los islamistas radicales esperan agazapados a que pueblos que nos han dado lecciones de democracia renuncien a una democracia que (Estados Unidos mediante) nos han demostrado que desean. Creo que, pese a todo, usted sigue haciendo una lectura muy interesada… u otros intereses son los que le engañan, o a usted le interesa dejarse “engañar” por ellos, ahora.

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