27.- Geografías para el siglo XXI

Geografía: del griego geos (Tierra), y grafein (describir). Descripción de la Tierra. Geografía es la ciencia que describe la Tierra. Y así, una “ciencia” que nos dice qué hay y dónde está, y que nos muestra la realidad. Veámoslo:

En Chicago, no hay nadie que no sea negro. En pleno invierno, en New York, el sol fríe las piedras. En Brooklyn, la gente que llega viva a los treinta años merecería una estatua. Las mejores casas de Miami están hechas de basura. Perseguido por las ratas, Mickey huye de Hollywood (…)

Parece que la mente se niega a aceptar una “descripción” como ésta. Y sin embargo lo expresado es absolutamente cierto. Es posible que la Geografía por tanto no deba limitarse a “describir la Tierra” (y de hecho no lo hace). Terminemos por tanto el párrafo anterior, y veamos dónde está esta realidad:

(…) Chicago, New York, Brooklyn, Miami y Hollywood son los nombres de algunos de los barrios de Cité Soleil, el suburbio más miserable de la capital de Haití”. (E. Galeano.- Bocas del tiempo, Madrid, Siglo XXI, 2004, p. 200). 

¿Y ahora, nos cuadra? La descripción geográfica es siempre selectiva y está hecha con un fin predeterminado. Historiadores y geógrafos liberales del XIX marcaban las “esencias” nacionales al servicio del poder desde el siglo XIX, de la mano de la escuela liberal, verdadera creadora de “nacionales”. Es evidente por tanto que la Geografía (y la Historia, claro) tienen un “valor de uso”. Empecemos por lo obvio, y sigamos cuestionándonos nuestro saber, sólo con algunas preguntas sin respuesta:

¿Por qué Europa es un continente, cuando es evidente que no lo es?

¿Australia es una isla asiática, o un continente “europeo”?

¿Por qué el Caspio es un mar, y el Superior “sólo” un lago?

¿A quién está cercano el Próximo Oriente, y de quién está lejos el Lejano?

¿Quién decidió dónde estaba Oriente y dónde Occidente?

¿Por qué estamos “arriba” y otros están “abajo”?

Esto es, la Geografía no describe la Tierra, sino que construye el mundo. Geografía y poder siempre han ido de la mano. Yves Lacoste decía que “la geografía es un conocimiento estratégico, que el poder ha utilizado debidamente” (Geografía del subdesarrollo, 1976). Todo poder tiene su Geografía, y viceversa. Por eso todo el saber geográfico no es neutro en absoluto, pese a la supuesta objetividad, incluyendo su instrumento más habitual: el mapa. Y en el siglo XXI sigue siendo una ciencia del poder, aplicada a espacios cada vez más “pequeños” y también más complejos en muchos aspectos. Y marcados por la dominación y la dependencia, por la creación de un “nosotros” y un “los otros”: “Siglo XXI. El nuevo siglo repite arriba la vocación de su antecesor: las propuestas políticas se fundamentan en la dominación o en la exclusión del otro. ¿Qué hay de nuevo? Como antes, hoy se recurre a la guerra, a la mentira, a la simulación, a la muerte. El Poder repite la historia y nos trata de convencer que ahora sí va a hacer la plana con buena letra” (Subcomandante Insurgente Marcos, “Otra geografía”, marzo-2003: un texto absolutamente recomendable que podéis encontrar en http://palabra.ezln.org.mx/comunicados/2003/2003_03_b.htm).

 O, visto de otra forma: “el mundo ha cambiado profundamente durante los últimos 25 años y las ciencias sociales afrontan el análisis de los procesos y de los grandes problemas que afectan al conjunto de la humanidad con enfoques renovados. La Geografía no ha sido una excepción y también se ha incorporado, junto con otras ciencias sociales y ciencias del territorio, al estudio de las consecuencias políticas, económicas, sociales, culturales, territoriales y medioambientales de un proceso de globalización inacabado y plagado de nuevos riesgos e incertidumbres”. (J. Romero (coord.).- Geografía humana. Procesos, riesgos e incertidumbres en un mundo globalizado, Ariel, 2007). Así, debemos apostar por otra geografía, por otras geografías que se ocupen de las personas “de dónde, cómo y cuánto viven; de cómo se organizan y deciden su destino colectivo; de cómo en ocasiones su destino, para bien o para mal, es decidido por otros; de sus preocupaciones y valores; de cómo trabajan, en qué y en qué condiciones; de las consecuencias medioambientales de nuestras acciones y del mundo que vamos a dejar a las generaciones futuras” (Idem). Y así, debemos cambiar nuestro enfoque para buscar un análisis crítico de los efectos de la globalización sobre territorios y personas, el impacto de los poderes “nacionales” y “exteriores” en la generación de nuevos y viejos espacios de dominación o de resistencia. En consecuencia, deberíamos aproximarnos al conocimiento de los grandes problemas sociales que afectan a buena parte de la humanidad en este todavía inicio del nuevo milenio. De ocuparnos más de analizar el cómo y el porqué que de la enumeración y descripción de los procesos en curso. De cómo hemos llegado hasta aquí, de por qué somos más vulnerables y qué razones pueden ayudar a explicar el hecho de que por primera vez desde que acabara la 2ª guerra mundial la generación de los jóvenes tiene un horizonte más incierto que la generación de sus padres; de que unos sistemas del bienestar que se pusieron en marcha tras la devastación posbélica se dice que “no son sostenibles” hoy, cuando nunca ha habido más riqueza; de que 35.000 personas mueran diariamente en el mundo por malnutrición y desnutrición; de que sigamos gastando sumas indecentes en armamentos mientras hay tantas carencias…  Y todo ello, tanto en países “pobres” (recordemos que no hay países pobres, sólo países empobrecidos) como en países “ricos”.
Debemos apostar por una Geografía de los cambios y de los problemas sociales, ocuparnos “de las profundas transformaciones que afectan al Estado, de los grandes cambios sociales y culturales en curso, de los efectos económicos y territoriales del proceso globalizador, de las esperanzas y desesperanzas de las gentes, de la desigualdad de las personas ante la vida y la muerte, de la creciente brecha entre Norte y Sur, de los problemas urbanos, de las condiciones de vida y de los retos que ha de afrontar la mitad de la población mundial que vive en zonas rurales y de las repercusiones medioambientales de un modelo de crecimiento que sabemos insostenible. En definitiva, del bienestar y del malestar globales y de las dificultades crecientes del sistema para garantizar mayor seguridad y certidumbre”(Idem).    
Creo, con todo lo dicho por el profesor Juan Romero, que este es un enfoque mucho más adecuado para la Geografía que el que habitualmente seguimos en las aulas o incluso el que la enorme mayoría de nosotr@s tenemos en mente, básicamente como localización de lugares en un mapa o descripción de elementos del paisaje. Debemos incorporar a nuestros bagajes el analizar el mundo desde la perspectiva espacial, cosa que no siempre hacemos, centrándonos en algunas de las claves que se muestras orgullosas, que asoman o que están “escondidas”: sistema capitalista, globalización neoliberal, neoliberalismo, movimientos “antiglobalización”, propuestas contrahegemónicas, lugares que progresan… Al final, deberíamos ser capaces de plantear, como reza el título del artículo de hoy, “una geografía para el siglo XXI”, o mejor, “varias geografías para el siglo XXI”, evidentemente, no desde arriba, sino desde abajo y a la izquierda.

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