31.- No es lo que nos cuentan (5): la verdad os hará libres

Con las revoluciones surgidas en el mundo islámico se han vuelto a poner claramente encima de la mesa cuáles son los intereses que se esconden detrás de las grandes palabras. Estados Unidos, la UE, los países “civilizados occidentales”  y el resto de la “comunidad internacional” nos han dejado claro que cuando se habla de “extender la libertad y la democracia”, de “crear un mundo más justo”… en realidad se está diciendo otra cosa.

Pero no es algo nuevo. La España franquista se integró al mundo “libre” occidental dado que era más importante el papel geoestratégico que jugaba que la limitación de las libertades y la represión brutal que ejercía en su interior, una vez terminada la 2ª guerra mundial, y cuando el fascismo era derrotado. Eso no fue óbice para que permanecieran las dictaduras ibéricas y la griega a mayor gloria del lenguaje de las libertades.

Estados Unidos “defendió” Latinoamérica del comunismo durante la guerra fría. Sólo Cuba, cual aldea gala de Asterix y Obelix, resistió y resiste al invasor, al imperio. Poco importaban los medios: tanques, dólares o palabras, o todos juntos, para derrotar al demonio comunista. Chile en 1973 lo dejó patente.

Nos dice el historiador Charles Bergquist: “para conservar la fe en la democracia liberal los analistas deben distorsionar las pruebas, y transformar la coherencia racional de la política estadounidense [la defensa de los intereses capitalistas] en irracionalidad [miedo infundado al comunismo]”. [en  N. Chomsky, Estados fallidos. El abuso de poder y el ataque a la democracia (Público, Biblioteca Pensamiento Crítico, 2010 (2006)].
Una vez caído el comunismo y en plena búsqueda de nuevos enemigos para justificar los enormes gastos militares, las “pruebas contundentes” sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq suponen en 2003 invadir el país. Y al no haberlas, los analistas deben distorsionar las pruebas… Eso sí, bajo el paraguas de la operación “libertad duradera”.

Antes y luego el enemigo es tambiién el fundamentalismo islámico (sustituto del comunismo en las justificaciones, y con las puertas abiertas a cualquier acción tras el 11-S) al que el propio Iraq, por cierto, había ayudado a combatir. Hoy, Osama bin Laden es un fantasma oculto bajo la mayor importancia de los intereses geoecónomicos y geoestratégicos del norte africano y el Oriente Medio.

Vuelven los discursos de libertad y democracia, pero para Túnez y Egipto, o Libia, cuando cambia el viento de dirección. Pero poco se dice sobre Arabia o Marruecos…

¿Han cambiado algo las cosas, o “para conservar la fe en la democracia liberal los analistas deben distorsionar las pruebas…”?

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