41.- Politizando geografías: capitalismo, globalización y neoliberalismo (2ª parte)

El neoliberalismo es una teoría-ideología que combina cuestiones políticas y económicas. Su propuesta clave es que el bienestar humano (en el discurso, el neoliberalismo lucha contra la pobreza y por el aumento de nivel de vida de toda la población, si bien es obvio que no es su propuesta en la práctica) se logrará si se maximiza la libertad (la libertad de los mercados, es obvio). Parte de las ideas “económicas” de Von Hayek y M. Friedman (¡cuántas muertes habrán derivado de la aplicación de su ideología!, y a cambio le dieron el nobel de economía). El Estado debe garantizar la estabilidad institucional y el sistema coercitivo que garantice la propiedad privada (y ese es su único papel, no el de “intervenir” en los mercados o en la redistribución de la riqueza); la libertad individual (la libertad de despedir sin indemnización al romper una de las partes un contrato firmado “libremente” por dos personas libres, por ejemplo; o la inexistencia de un salario mínimo, por la misma lógica: un trabajador tiene libertad “absoluta” de firmar el contrato que le ofrecen o de no firmarlo); la libertad (teórica) absoluta de los mercados (en el siglo V a.C. la filosofía griega ya nos mostraba que los insectos pequeños quedan atrapados en las telarañas, mientras los insectos grandes las rompen y atraviesan: la equiparación no es difícil); y el libre comercio (idem. anterior: ver aranceles de la Unión Europea, para no ir más lejos). Para garantizar su papel, debe controlar el dinero, y garantizar el derecho absoluto, esto es, la propiedad privada, además de potenciar esos mercados en los que luego no debe intervenir. O en otras palabras, en el caso de que no existan mercados, como es el caso de áreas como educación, atención sanitaria, contaminación del medioambiente…, los mercados deben ser creados, incluso mediante la acción estatal directa. Pero el Estado no debe aventurarse más allá de estas tareas. Una vez creados, el intervencionismo del Estado en esos mercados creados (o en los ya existentes) sólo debe limitarse a un mínimo, ya que no puede poseer suficiente información como para anticiparse a las señales del mercado, esto es, a los precios (justificación desde la teoría económica de una búsqueda política que pretende la privatización de todo y la maximización de los beneficios de las clases más altas). Además, diferentes intereses, en busca de su propio beneficio, influenciarían y deformarían estas intervenciones del Estado, sobre todo si son democráticos (ídem. anterior)…

En realidad, esto no es así y lo planteo como una “enmienda a la totalidad” (en la reciente crisis, por ejemplo, oímos palabras como “refundar el capitalismo”, que han quedado en nada; y también a Bush señalando la necesidad de abandonar el libre mercado para salvar el libre mercado o a Díaz Ferrán afirmando que la libertad de mercado puede quedar suspendida durante un tiempo si es necesario; esto es, mis impuestos salvando a los organismos financieros que provocaron la crisis, y que no tienen ningún miramiento respecto a cómo actuar), ya que aunque además de la plasmación en el interior de los Estados, el neoliberalismo se afirma también a nivel internacional y controla el sistema-mundo de la mano del FMI y la OMC, si bien sus principios no se cumplen a ambos niveles, ya que Estados Unidos o la Unión Europea se saltan las normas que hacen obligatorias para los demás (subvenciones a la agricultura y ganadería, aranceles fronterizos, no libertad de precios…). Además, lejos de la idea central de que el mercado sea el lugar donde se da una competencia “leal”, la realidad señala con contundencia el monopolio (u oligopolio, si no es lo mismo en definitiva) absoluto de un puñado de poderes corporativos y financieros (de hecho, entre otras cosas, porque los neoliberales, que remiten a Adam Smith, jamás han leído a éste, o bien le utilizan parcialmente, o le tergiversan; al igual por otra parte que otros hacen con textos denominados sagrados, en lo relativo a la pobreza, por ejemplo). Con todo, quizá lo más importante, como subraya David Harvey, es que “el neoliberalismo se ha convertido en hegemónico como un modo de discurso y tiene efectos omnipresentes en las maneras de pensar y las prácticas político-económicas hasta el punto en que se ha incorporado al sentido común con el que interpretamos, vivimos y comprendemos el mundo” (D. Harvey, “El neoliberalismo como destrucción creativa”, en Rebelión). O, dicho de otra manera, se hace un sistema de pensamiento dominante e impone el que ha venido a llamarse PENSAMIENTO ÚNICO al ser capaz de plasmar los conceptos clave que quedan profundamente arraigados en el “sentido común”, hasta el punto de ser considerados incuestionables por la gran mayoría de la población. De ahí también la importancia de “la guerra por la palabra”. 

Desde el punto de vista económico, el neoliberalismo se hace patente por primera vez tras el golpe de Estado del “innombrable” que lleva a la dictadura a Chile en 1973. Sergio de Castro, economista formado en la Escuela de Chicago, lanza un documento que vino a llamarse “El ladrillo”, donde se plantean las bases de la política económica a aplicar. En este documento, que se pone en práctica en el Chile pinochetiano, daba las claves de lo que es el neoliberalismo económico: “las orientaciones fundamentales del programa alternativo (…) eran la apertura de nuestra economía, la eliminación de las prácticas monopólicas, la liberación del sistema de precios, la modificación del sistema tributario por uno más neutral, eficiente y equitativo [traducción: que los más ricos paguen menos], la creación y formación de un mercado de capitales, la normalización de la actividad agrícola nacional, destrozada por la Reforma Agraria [trad: devolver la tierra expropiada a los latifundistas], y protección de los derechos de propiedad. (…) El conjunto de políticas propuestas constituye un todo armónico y no es aplicable por parcialidades; por el contrario, la aplicación parcial o limitada de él podría dar origen a un sinnúmero de efectos no deseados” (S. de Castro, El ladrillo. Bases de la política económica del gobierno militar chileno (1973), el documento trató de ocultarse posteriormente, si bien salió a la luz, aunque, hasta lo que conozco, no se volvió a editar como libro). Posteriormente irá siendo adoptado por la mayoría de países (incluidos aquellos donde sus gobiernos se definen cómo social-demócratas o socialistas, por no hablar de aquél engendro de principios de los 90 que Blair y Giddens denominaron Tercera Vía). Y, como hemos visto, se convertirá también en un conjunto de reglas internacionales de la mano del FMI y la OMC (el caso argentino, que podéis ver en la película-documental de Pino Solanas, Memorias del saqueo, muestra las garras de la bestia en toda su crudeza).

Una vez extendido a otras dictaduras latinoamericanas en los 70, y, si se quiere, desde el punto de vista “político-democrático”, parte de la revolución conservadora (en lo político y social; neoliberal en lo económico) de Thatcher y Reagan a principios de los 80, y se han extendido a todo el mundo, sin oposición desde la caída del Muro de Berlín. En los 90 vino a denominarse el Consenso de Washington. Para los zapatistas, por cierto, el nombre es la 4ª guerra mundial. Sucesivos gobiernos estadounidenses además lo han llevado al extremo, tanto en el interior como en su actuación exterior, con consecuencias catastróficas en ambos casos.

Volvamos a la Selva Lacandona, donde se constituyó una de las alternativas de oposición al neoliberalismo. Desde los primeros momentos habrá declaraciones contra el neoliberalismo, como la 1ª Declaración de La Realidad: contra el Neoliberalismo y por la Humanidad, de enero de 1996. En ella se decía: “durante los últimos años, el poder del dinero ha presentado una nueva máscara encima de su rostro criminal. Por encima de fronteras, sin importar razas o colores, el Poder del dinero humilla dignidades, insulta honestidades y asesina esperanzas. Renombrado como “Neoliberalismo”, el crimen histórico de la concentración de privilegios, riquezas e impunidades, democratiza la miseria y la desesperanza. Una NUEVA GUERRA MUNDIAL se libra, pero ahora EN CONTRA DE LA HUMANIDAD ENTERA. Como en todas las guerras mundiales, lo que se busca es un nuevo reparto del mundo. Con el nombre de “globalización” llaman a esta guerra moderna que asesina y olvida. El nuevo reparto del mundo consiste en concentrar el poder en el poder y miseria en la miseria. (…) Contra la internacional del terror que representa el neoliberalismo, debemos levantar la internacional de la esperanza”.

Por cierto, y hablando de guerra, La doctrina del shock, el libro de Naomi Klein (magnífico también el documental sobre el libro, de Michael Winterbottom), muestra con toda su crudeza cómo el capitalismo necesita de crisis para progresar. Y la crisis definitiva es la guerra: la de las Malvinas permitió la reelección de la amiga íntima de Pinochet, M. Thatcher, además de aplastar a los sindicatos; la Primera Guerra del Golfo será para Bush Sr. la mejor manera de reactivar la decaída y decadente economía; las cifras de los contratos a las empresas (principalmente Halliburton) para la reconstrucción de Iraq en esta otra guerra de Bush Jr. en el mismo lugar muestran a las claras que detrás de las armas de destrucción masiva y otras palabrerías se escondían lisa y llanamente los intereses financieros de los que dominan a la bestia…. Hoy parece que le toca a Libia…. 

Con todo, dejaremos alguna puerta abierta a la esperanza: “La brecha [de la agenda neoliberal] entre lo retórico (por el beneficio común) y la realización (por el beneficio de una pequeña clase gobernante) aumenta en el espacio y en el tiempo, y los movimientos sociales [las alternativas] han hecho mucho por concentrarse en esa brecha” (D. Harvey). ¿Hay alternativas al neoliberalismo imperante? El EZLN dice que sí: “hoy podemos decir que tenemos cuando menos una certeza. Un sueño soñado en los cinco continentes puede llegar a hacerse realidad en la realidad. ¿Quién podrá ahora decirnos que el soñar es hermoso pero inútil? ¿Quién podrá ahora argumentar que los sueños, por muchos que sean los soñadores, no pueden hacerse realidad?”. Estas palabras pertenecen a la 2ª Declaración de La Realidad, donde se dice que “no es posible que el neoliberalismo se haga realidad en el mundo sin el argumento de muerte que ofrecen los ejércitos institucionales y privados, sin la mordaza que ofrecen las cárceles, sin los golpes y asesinatos que ofertan militares y policías. Represión nacional es la premisa necesaria para la globalización que el neoliberalismo impone.
“Mientras más avanza el neoliberalismo como sistema mundial, más crece el armamento y el número de efectivos de los ejércitos y policías nacionales. También crecen el número de presos, desaparecidos y asesinados en los distintos países. Una guerra mundial, la más brutal, la más completa, la más universal, la más efectiva…”, pero también que hay respuestas y alternativas: “pero hay quien no se conforma, hay quien decide ser incómodo, hay quien no se vende, hay quien no se rinde. Hay, en todo el mundo, quien se resiste a ser aniquilado en esta guerra. Hay quien decide pelear. En cualquier lugar del mundo, en cualquier tiempo, un hombre o una mujer cualquiera se rebela y termina por romper con la ropa que el conformismo le ha tejido y que el cinismo le ha coloreado de gris. Un hombre o una mujer cualquiera, de cualquier color y en una lengua cualquiera, dice y se dice: ¡YA BASTA!

 “El Poder nos teme. Por eso nos persigue y nos cerca. Por eso nos encarcela y nos mata. En realidad somos una posibilidad que lo puede derrotar y hacerlo desaparecer. Tal vez no somos muchos, pero somos hombres y mujeres que luchamos por la humanidad, que luchamos contra el neoliberalismo. Somos hombres y mujeres que luchamos en todo el mundo. Somos hombres y mujeres que queremos para los cinco continentes: DEMOCRACIA, LIBERTAD, JUSTICIA”.

No quiero saturar más. Sólo han sido unas breves pinceladas, y de sólo una de las alternativas, la zapatista, ejemplar en algunos aspectos por su peculiaridad más esencial: NO BUSCA LA TOMA DEL PODER ESTATAL O REALIZAR UNA REVOLUCIÓN POLÍTICA. Su planteamiento, es la necesidad de caminar junto con otros sectores de la sociedad civil, a fin de avanzar desde posiciones de debate, y no de imposición. Así, rechaza el vanguardismo y evita postularse como un partido político. Por tanto, sigue siendo un movimiento social que trata de formar, junto a otros muchos movimientos sociales, un bloque de poder político, siendo su principal reivindicación en lo particular la integración indígena en la nación, o, en otros términos, que las culturas indígenas sean centrales en lugar de periféricas. Más allá de ellos busca una lucha en común contra el sistema neoliberal imperante. Hay otras muchas alternativas. Sólo hay que buscarlas, pero eso ya no debo hacerlo yo, sino cada un@.    

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