45.- Reformas y ajustes “necesarios”: ¿para quién?

Todos los días nos dicen nuestros gobernantes (políticos y los otros) que sigue habiendo necesidad de “reformas”. Reformas que suponen ajustes estructurales (léase cargar sobre los hombros de los más débiles los desmanes y robos de los poderosos) dirigidas por la “necesidad” que impone el FMI (Fondo Monetario Indeseable), verdadero organismo rector del mundo que defiende los intereses del capital, y no los de las sociedades. Reformas fiscales, reformas laborales, reformas del estado del bienestar… todas ellas, por supuesto, “necesarias”, como todas las medidas que se han ido tomando desde que empezó la crisis que iba a llevar a la refundación del capitalismo: ¿recordáis?

Todos los días aparecen las cifras de las ganancias indecentes de las grandes corporaciones, que, eso sí, contabilizan como pérdidas… ¿recordáis?

Todos los días, los Standart & Poor, Mooding’s y demás agencias que deberíamos extinguir juegan con la vida de las personas de los países a mayor gloria de los beneficios del capital ¿recordáis?

Hagamos memoria, pues. Decía J. Vidal-Beneyto el 22 de noviembre de 2008 en El País, en un artículo titulado “Las desvergüenzas del capitalismo”, que “la celebración de lo que O. Lafontaine ha llamado la ‘dictadura del monetariado’, y, sobre todo, la hegemonía sin alternativas del capitalismo de casino (…) ha dotado de responsabilidad a las felonías capitalistas más innobles, a las prácticas empresariales más abyectas”.

Así, en plena crisis, que estamos pagando tod@s aquell@s que poco tuvimos que ver en su gestación y desarrollo, se eliminan cada vez más derechos, más logros sociales que tanto costó conseguir, más garantías laborales, más prestaciones sociales… ¿A cambio de qué? De que unos cuantos sigan disfrutando de unas tasas de beneficio desorbitadas. A modo de ejemplo, el Banco Santander “pierde” en el primer semestre de 2010 un 1’6%, lo que traducido significa que “sólo” gana 6.450 millones de euros (esto es, más que todo lo que supuso la brutal reducción de sueldos de los funcionarios de mayo). ¿Es esa la crisis que nos venden? O está en crisis Timofónica, que sigue vendiendo su ADSL a precios desorbitados para un país como el nuestro e incrementando sus tarifas “por necesidad”, ya que si no, no dispondría de los ¡¡¡7.300 millones de euros!!! necesarios para hacerse con el control de Vivo, la principal empresa telefónica de Brasil, o para ganar más de 8.000 millones de euros en los 3 primeros meses de 2010… 
    Cifras desorbitadas, que contrastan con la reducción de los salarios, ya de por sí precarios, de los trabajadores normales, mientras much@s siguen clamando por el despido más barato (debía ser carísimo antes, dado que no hay parados en España porque costaba mucho echarlos), por la reducción (o incluso eliminación) del salario mínimo (que es de vergüenza, por otro lado, para los que nos enorgullecemos de ser una de las primeras economías del planeta), o por la directamente miserable congelación de las pensiones. Veamos cómo estaban las cosas en 2008, cuando los Estados (esto es, mis impuestos) acuden al rescate de las corporaciones financieras. 
Nos lo explica Vidal-Beneyto: “Lehman Brothers, una de las joyas de la finanza norteamericana, quiebra y todo el mundo se va a la calle SIN INDEMNIZACIÓN ALGUNA, salvo Richard Fuld, su presidente, que se embolsa legalmente ¡¡¡480 millones de dólares!!!. AIG, la paradigmática compañía de seguros, va a quebrar también, pero el caso es simbólicamente demasiado grave y Washington interviene aportando 85.000 millones de dólares para tapar el agujero [no os asustéis por las cifras quién tengáis, incluso la suerte, de percibir 400 euros recibiendo el paro, que es demasiado para que el sistema funcione; y no digo ya nada si cobráis esos 1000 euros (normalmente no se llega, incluso) por jornadas de trabajo abusivas… ¡¡¡Y encima queréis que os indemnicen si os echan!!! Lo que hay que oír. Prosigue Beneyto…] Lo que permite a J. Cassano, director de la sección de Productos Derivados, percibir una bonificación de 3’4 millones de dólares, y a Sullivan, el gran patrón, otra de 5’4 millones de dólares. Los directivos de la compañía, reflotada con el dinero de los contribuyentes norteamericanos, lo celebran en un suntuoso hotel californiano, con habitaciones a 1000 dólares la noche, 10.000 dólares en bebida, 23.000 en cuidados personales y un interminable etcétera. Bob Diamond, número 2 del Barclays Bank, ha declarado haber percibido en primas, entre 2006 y 2007, 50 millones de euros; Marcel Ospel, máximo responsable del banco suizo UBS, 15’7 millones de euros; J. Ackermann, presidente de la Deutsche Bank ha cobrado 10 MILLONES DE EUROS AL AÑO [este es aquél que decía “yo también he tenido pérdidas patrimoniales con la crisis”. Valiente cabrón] (…) El importe total de las bonificaciones y otras primas personales percibidas por los patronos de las grandes empresas en quiebra o al borde de ella se acerca a los 80.000 millones [insistir en que el artículo es de noviembre de 2008, las cifras ahora serían escandalosamente mayores] (…) y al otro lado de la verja más de un millón de trabajadores se han quedado sin trabajo, y Citygroup ella sola ha contribuido con cerca de 70.000 personas”.
    Para el caso español, todo el mundo sabemos que había que “salvar” empresas mientras se despedían trabajadores. Mientras la patronal exige despido barato (lo que no deja de sonar a coña, tal como está el patio), pero evidentemente para los trabajadores, porque el “despido” del jefe del BBVA, blindado a cal y canto, le reporta cantidades indecentes.
                ¿Reforma del mercado laboral? Empecemos por despedir a nuestros representantes, que privatizan las Cajas en vez de nacionalizarlas, que salvan a los bancos mientras envían al paro a los trabajadores, que apuestan por el capital en vez de por la sociedad, que desmantelan el ya de por sí precario estado del bienestar, aunque deberíamos comprender… eso sí, que, como Esperanza Aguirre, sufren “para llegar a fin de mes”. ¿Orgullo de ser español? Cómo no.
                Por cierto, hoy además de preguntas tengo una respuesta, que me presta gentilmente J. Saramago:

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¿Hacemos algo, o seguimos igual?

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