86.- Impensar la educación

Un catedrático cavilaba acerca del vacio existencial y del sinsentido vital que padecían la mayoría de los seres humanos. Una mañana entró en una cafetería y pidió una manzanilla. La camarera le mostró un sobrecito y un cuenco con las florecitas secas y le pregunto cuál quería, si la natural o la normal. Mientras saboreaba la manzanilla entendió todo: en esta sociedad lo normal no tiene nada que ver con lo natural” (gracias por el préstamo J.R.M.).
Como hizo Ilya Prigogine para las “ciencias duras”, y luego plantearon muchos pensadores, entre ellos Inmanuel Wallerstein o Edgar Morin, para las ciencias sociales, quizá ha llegado el momento de impensar lo que es la educación (como tal; luego abordaremos el planteamiento de Morin) y cómo debería ser la educación, entendida también como proceso de enseñanza-aprendizaje. No en vano, cómo se plantea la educación en una sociedad está en la “cultura sociológica”, al mismo tiempo que la genera, y es un componente clave del proyecto de futuro de esa sociedad.
Y eso por ello que no sólo debemos repensar qué es la educación, y qué educación queremos, sino impensarlo, es decir, cuestionar los legados y paradigmas heredados, tanto los de la realidad como los teóricos, ya que, en muchos casos, parten de una inadecuación a las sociedades y/o a los intereses de los grupos sociales, cuando no de la falacia pura y dura. “Alumnado del siglo XXI, con profesorado del siglo XX, y espacios y concepción educativa del siglo XIX“, dijo alguien. Es evidente que ésto no puede funcionar, y, aun así, la “mentalidad colectiva” sigue apostando con fuerza con el mantenimiento de estructuras que poco o nada tienen que ver con las realidades sociales. Eso sí, debe quedar claro que mientras para unos forma parte de un proyecto emancipador de la personalidad para alcanzar un conocimiento crítico que permita generar ciudadanía activa y formada (aunque quizá la forma de lograrlo no sea la mejor); para otros sigue siendo el lugar esencial de formación de elites en un lado, y personas únicamente educadas para ocupar su lugar de explotados en la sociedad en el otro, adaptadas por la costumbre y la práctica adquirida a las necesidades de explotación del sistema en el futuro, y sin ninguna capacidad crítica para entender el mundo que les rodea.

No soy pedagogo, y por tanto no conozco en profundidad cuestiones importantes. Simplemente voy a limitarme, por tanto, a dejar algunas preguntas abiertas que puedan dar lugar a la reflexión, al impensamiento de la “realidad” epistemológica y social heredada.

Podríamos empezar por plantearnos qué es educar, y dentro de ello qué es enseñar. Y permitidme que parta desde el negativo, para eliminar un concepto que se va imponiendo de nuevo, pese a los intentos de muchas y muchos por desterrarlo, el de instrucción. Vamos a verlo con un texto de Pilar López (que podéis ver íntegro aquí mismo en https://impensando.wordpress.com/2011/07/14/84-el-casco-y-la-regadera/), donde se planteaba, ante la disyuntiva entre instruir y educar: “¿instruir o Educar? El casco sería la instrucción: el puro y duro entrenamiento en la disciplinas para crear seres rellenos de conocimientos, sumisos y conformes con lo establecido. Por eso deberían tener uniforme. En el ejército siempre se ha dicho “hacer la instrucción” y no la educación.
La regadera de jardín sería la Educación: preparar antes la tierra, abonar, roturar, sembrar y sobre todo regar abundantemente para que cada cual saque su potencial, ayudar a crecer en todos los sentidos”.
¿Qué queremos, educación o instrucción? Por mi parte, lo tengo claro. Hablemos de educación, pues.

La educación conlleva, como es evidente, un proceso de enseñanza y aprendizaje. Decía Heidegger que “enseñar significa nada más y nada menos que permitirles a los demás que aprendan, esto es llevar, a otro a aprender. Aprender es más difícil que enseñar, porque solo quien puede aprender- y solo en la medida que puede hacerlo- puede realmente enseñar. En toda enseñanza el profesor aprende más“. No son palabras vacías. Aprender es más difícil que enseñar, y por ello el/la que enseña debe plantearse cómo hacer frente a las dificultades que se le plantean a quien aprende. Y evidentemente, también a qué se quiere conseguir en ese proceso. Para ello puede ser interesante recurrir al principio de educabilidad.

En la reseña a El principio de educabilidad, de Marisol Cabrera se dice: “abordar un tema como el principio de educabilidad implica en primer término la búsqueda de la genealogía de este principio y su relación intrínseca con la ética y la posibilidad real de mejora del ser humano. Es así que el propósito fundamental de este trabajo es indagar sobre la importancia de la reflexión, del quehacer educativo y la teoría en la construcción de humanidad a través de la educación. A través de los aportes teóricos de Herbart, Mierieu, Badiou, Vigotsky, Rebellato, Freire, Foucault, la autora propone repensar la educación como un proyecto liberador a través de la explicitación de la existencia de antagonismos de clases y la reflexión del lugar que se ocupa como educadores. Pensar para qué presente y qué futuro se está educando, cuál es el oficio y construcción discursiva“. Creo que en esas breves frases se están diciendo muchas cosas importantes.

¿Qué queremos conseguir en el proceso de enseñanza-aprendizaje? La foto que abre este post es muy significativa. La hice del tablón de Radio Vallekas, donde fui hace unos años con un puñado de alumnos a que explicaran el trabajo que habían realizado. Y me hizo plantearme qué estamos haciendo realmente, y si en realidad en lugar de educar no estaremos simplemente domesticando. Domesticación que en el fondo reproduce el sistema social de dominación, al generar desde la escuela la aceptación acrítica de la autoridad (esa autoridad “conseguida” -bien que a mi pesar”- en la Comunidad de Madrid y vendida como uno de los grandes logros: “El respeto, la consideración y prestigio social del profesor son indispensables para el sistema educativo. Por ello, hemos aprobado la Ley de autoridad del profesor, que lee otorga la categoría de autoridad pública” (si tenéis la dosis suficiente de masoquismo y queréis leer el programa entero: http://www.genteconesperanzaaguirre.com/programa_electoral.pdf, y si sólo queréis la parte de educación, pp. 16 a 19). ¿De verdad que esa es la gran necesidad de la educación, que el profesorado tenga que convertirse por ley en autoridad pública?
Yo, por mi parte, prefiero pensar que el gran logro que deben perseguir la educación y los educadores, los buenos educadores, es “lograr, con la ayuda e interés de los sujetos, modificar sus condiciones de vida, tanto moral como material” (M. Cabrera).
No quiero entrar a valorar todo lo que suponen todos esos autores que deberíamos leer, como P. Freire, aunque podemos dejar en esta reflexión general un par de pinceladas: “enseñar exige comprender que la educación es una forma de intervención en el mundo”. Al educar generamos personas que van a vivir un futuro que será diferente según las eduquemos. En buena medida dependerá de nosotros que participen activamente, críticamente, en la construcción de ese futuro, o sean simplemente víctimas pasivas (y alienadas) de él, una pieza más sin más valor que el económico en el engranaje del sistema. Como bien había anticipado Marx: “la cultura no es para la inmensa mayoría de los hombres más que el adiestramiento que los transforma en máquinas“, o en bestias, que diría Meirieu, al negar el valor de la educación que remite a una simple transmisión mecánica de conocimientos, generando poco más que una “duplicación de idénticos”.

Creo que me he extendido demasiado, y me quedan un puñado de cosas que os explica (permitidme que os aconseje su lectura) E. Morin, en un texto donde articula los siete saberes necesarios para la educación del futuro, y que podéis leer íntegro en http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001177/117740so.pdf -son solo 71 páginas-. Por si os da pereza, os extracto los epígrafes y un breve comentario de cada uno de esos siete saberes que plantea:

1. Las cegueras del conocimiento: El error y la ilusión.
O, dicho de otra forma, que  “es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas”. Si  todo conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión, la educación del futuro debe contar siempre con esa posibilidad. El conocimiento está expuesto a alucinaciones, a errores de percepción o de juicio, a perturbaciones y ruidos, a la influencia distorsionadora de los afectos, a los valores de la propia cultura, al conformismo, a la selección meramente sociológica de nuestras ideas, etc.,  la primera e ineludible tarea de la educación es enseñar un conocimiento capaz de criticar el propio conocimiento. Debemos enseñar a evitar la doble enajenación: la de nuestra mente por sus ideas y la de las propias ideas por nuestra mente.

2.Los principios de un conocimiento pertinente.
O, con B. Pascal, “no se puede conocer las partes sin conocer el todo, ni el todo sin conocer las partes”.  Ante el aluvión de informaciones, es necesario discernir cuáles son las informaciones clave. Ante el número infinito de problemas es necesario diferenciar los que son problemas clave. Pero, ¿cómo seleccionar la información, los problemas y los significados pertinentes? Sin duda, desvelando el contexto, lo global, lo multidimensional y la interacción compleja.
Como consecuencia, la educación debe promover una “inteligencia general” apta para referirse al contexto, a lo global, a lo multidimensional y a la interacción compleja de los elementos. Esta inteligencia general se construye a partir de los conocimientos existentes y de la crítica de los mismos. Su configuración fundamental es la capacidad de plantear y de resolver problemas.

3. Enseñar la condición humana.
“Somos individuos, especie y sociedad al mismo tiempo”, y así, todos debemos reconocernos en nuestra humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad cultural inherente a todo lo humano. Conocer el ser humano es situarlo en el universo y, al mismo tiempo, separarlo de él. Al igual que cualquier otro conocimiento, el del ser humano también debe ser contextualizado.

4. Enseñar la identidad terrenal.
“Destruimos nuestro planeta y a nosotros mismos porque no entendemos la condición humana ni tenemos una consciencia de interdependencia que nos ligue a nuestra tierra y considerarla como primera y última Patria.” La perspectiva planetaria es imprescindible en la educación. Pero, no sólo para percibir mejor los problemas, sino para elaborar un auténtico sentimiento de pertenencia a nuestra Tierra considerada como última y primera patria. El término patria incluye referencias etimológicas y afectivas tanto paternales como maternales. En esta perspectiva de relación paterno- materno- filial es en la que se construirá a escala planetaria una misma conciencia antropológica, ecológica, cívica y espiritual.  Es necesario introducir en la educación una noción mundial más poderosa que el desarrollo económico: el desarrollo intelectual, afectivo y moral a escala terrestre.

5. Afrontar las incertidumbres.
“La incertidumbre es parte de la vida y debemos aprender que el conocimiento, no es más que nuestra idea de la realidad.” Todas las sociedades creen que la perpetuación de sus modelos se producirá de forma natural, pero el futuro no está escrito, lo haremos de una manera u otra dependiendo de cómo se comporten las personas que en él estarán. Esto es, el observador cambia la realidad por el simple hecho de observarla (que decía Heisenberg), y mucho más el participante. Así, siempre estará la incertidumbre, pero la incertidumbre no versa sólo sobre el futuro. Existe también la incertidumbre sobre la validez del conocimiento. Y existe sobre todo la incertidumbre derivada de nuestras propias decisiones. Una vez que tomamos una decisión, empieza a funcionar el concepto ecología de la acción, es decir, se desencadena una serie de acciones y reacciones que afectan al sistema global y que no podemos predecir. Nos hemos educado aceptablemente bien en un sistema de certezas, pero nuestra educación para la incertidumbre es deficiente.

6. Enseñar la comprensión.
“La comunicación sin comprensión se reduce a palabras. La verdadera mundialización llegará cuando seamos capaces de comprendernos.” La comprensión se ha tornado una necesidad crucial para los humanos. Por eso la educación tiene que abordarla de manera directa y en los dos sentidos: a) la comprensión interpersonal e intergrupal, y b) la comprensión a escala planetaria. La verdadera comprensión exige establecer sociedades democráticas, fuera de las cuales no cabe ni tolerancia ni libertad para salir del cierre etnocéntrico. Por eso,  la educación del futuro deberá asumir un compromiso sin fisuras por la democracia, porque no cabe una comprensión a escala planetaria entre pueblos y culturas más que en el marco de una democracia abierta.

7. La ética del género humano.
La ética no se enseña con lecciones de moral. Es la consciencia de que el humano es individuo y al mismo tiempo es parte de una sociedad y una especie: una triple realidad.  Además de las éticas particulares, la enseñanza de una ética válida para todo el género humano es una exigencia de nuestro tiempo. El bucle individuo-sociedad-especie debe ser la base para enseñar la ética venidera. En el bucle individuo-sociedad surge el deber ético de enseñar la democracia. Ésta implica consensos y aceptación de reglas democráticas. Pero también necesita diversidades y antagonismos. El contenido ético de la democracia afecta a todos esos niveles. El respeto a la diversidad significa que la democracia no se identifica con la dictadura de la mayoría. En el bucle individuo-especie especie se fundamenta la necesidad de enseñar la ciudadanía terrestre. La humanidad dejó de ser una noción abstracta y lejana para convertirse en algo concreto y cercano con interacciones y compromisos a escala terrestre.

Bueno, ya no os aburro más. En la “caja negra de un aula” (Da Silva) se producen modificaciones en los sujetos, y somos parte de ellas. Es la apuesta y la locura que nos mantiene vivos a los educadores: creer en el otro, como antes creyeron en nosotros y devolver a la humanidad lo que la humanidad nos ofreció primero.

Anuncios

Acerca de Estación claridad: vengo llegando

Abajo y a la izquierda
Esta entrada fue publicada en impensamientos. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a 86.- Impensar la educación

  1. Pingback: 90.- Los principios educativos del PP en la Comunidad de Madrid. No podemos dejarles imponer su ideología | Impensando

  2. Pingback: Los Principios Educativos del PP impuestos en Madrid, no deben implantarse en Castilla la Mancha « FETE UGT de Ciudad Real

  3. Fluir dijo:

    Para profes de todo tipo: progres, tradicionales:

    http://amauta.org/VisionHolista.htm

    http://educacion-holistica.blogspot.com/

    ¿Aprendemos juntos a trascender? ¿Cuándo será el momento adecuado para… cuestionarnos esos métodos “pegasgógicos” que hemos asumido como correctos?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s