195.- Contra el hijoputismo no vale el buenismo

Ante lo que está ocurriendo en el conflicto minero en Asturias, me comentaba ayer alguien que suele tener muy buen ojo para analizar la realidad cómo cambiaban los antidisturbios/robocops, cómo mantienen esas actitudes chulescas que siempre tienen frente a manifestaciones de miles de personas (del 15-M, por ejemplo) que se comportan “pacíficamente”, y cómo se acojonan inmediatamente si 20 o 30 mineros se les enfrentan, cómo les cambia la actitud cuando el conflicto parte de las bases clásicas del enfrentamiento social.
Yo he sido (y soy) partidario de todo lo que significa 15-M como movimiento social, como catalizador de los descontentos, como arma social y posiblemente política con el tiempo, como algo que está poniendo las primeras piedras de algo que puede llegar a ser una muralla. Pero la actitud de los primeros momentos, aquél “buenismo” necesario, parece claro que no sirve de mucho, y que hay que volver a la lucha como tal, a la que genera una violencia evidente porque simplemente responde a la violencia “dura”, que es la que ejerce, con hijoputez y alevosía, el poder.
Así pues, ¿qué lucha nos queda?. Cuando el poder no cede ante la evidencia de la movilización “cívica”, y sigue castigando a los ciudadanos, ¿cuál es la salida?

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