211.- el “menosmalismo” como lógica política hegemónica

¿En qué se diferencian realmente nuestros dos grandes partidos políticos, e incluso me atrevería a decir que todos los demás, exceptuando a Amaiur, dado que incluso estamos viendo cómo ERC también se baja los pantalones ante la posibilidad del poder? Yo diría que en muy poco. Programas y políticas son cada vez más iguales, hasta el punto de que el PP se define como el partido de los trabajadores, mientras que el PSOE no sabe ya ni cómo definirse. Al resto no les hace demasiada falta, comenzando por el en tantos aspectos filofascista UPyD, y siguiendo por los partidos “antisistema” que solo desean estar en el sistema.
Todos los partidos se dejan llevar por la misma música, el mismo flautista de Hamelin, que responde al capital financiero, del que los políticos son lacayos interesados. Todos los partidos buscan a cualquier precio el mayor número de votos, sin importar mentir miserablemente. Lo único importante es obtener la máxima “representación popular”, eso sí, para convertirse en algo cada vez menos representativo del pueblo. Por decirlo de manera rápida, la democracia representativa es una estafa.

Y en su discurso, tienen poco más que decir que “tú eres peor que yo”, “tú tienes más corruptos”, “tú no sabes hacer lo que hay que hacer”, etc. El “menosmalismo” como único recurso teórico y como lógica política hegemónica. Uff…

¿Por qué les hemos dejado arrogarse la lógica y la acción política? Ellos dicen que hacen LA política, pero la política debe estar en la sociedad. Los políticos deben hacer políticas públicas siguiendo los intereses de aquellos a los que representan, pero cada vez más, paradójicamente, el término políticas públicas va perdiendo también sentido de la mano de la privatización de lo que deberían ser servicios esenciales. Vengan de donde vengan ideológicamente, todos los políticos han cedido a la política en términos electorales, y nadie se atreve a plantearla en otros términos. Provengan de la socialdemocracia, del comunismo, de conservadurismo o del liberalismo, todos han acabado aceptando la “necesariedad” del pensamiento (único) hegemónico neoliberal añadido a una democracia cada vez menos participativa y menos democrática, que cede su PODER a la economía, que rige política y sociedad. Y lo peor es que la izquierda se muestra incapaz de hacer frente al discurso y a la práctica hegemónica, e incluso no tiene ningún discurso ni ninguna práctica contrahegemómica, porque es incapaz de entender que su lugar ya no debe estar en “esa” izquierda clásica, sino que debe ir a la dicotomía planteada por el zapatismo: arriba y abajo. ¡Y ahí es donde hay que posicionarse! Así, “la izquierda electoral ha dejado de ofrecer lo que antes ofrecía, o hace ofrecimientos que no cumple, porque no tiene la menor fuerza para cumplir, ni para construir la necesaria fuerza que exige un programa mínimo –efectivo– contra el neoliberalismo y la globalización” (1).

Y así, sin oposición posible, se lleva el colonialismo al extremo y se privatizan países, con la “novedad” de que ahora también entran en el lote los mismos países centrales, mientras antes se explotaban las periferias a mayor beneficio de la colonia. Ahora la propia metrópoli es también una colonia, y con ello, nos volvemos países colonizados por aquellos a quienes elegimos como representantes, que, como los perros, prefieren no morder la mano que les da de comer, aunque ellos suponga morder la otra mano que, voto mediante, les hace ser los perros dominantes, convertidos en amos de sus verdaderos amos.

Y así, se lanzan reformas que en realidad son contrarreformas. El neohabla orwelliano se ha convertido en la realidad cotidiana, y el “donde dije digo digo Diego” no supone ningún problema, incluso aunque sea el presidente del gobierno el que incumpla hasta la última coma del “contrato” que debiera ser el programa electoral y las promesas verbales hechas en público. Flexibilización, adelgazamiento del Estado, políticas anticíclicas, daños colaterales, externalización… son términos que esconden la privatización de la economía, la política y la sociedad, el despojo legalizado de las sociedades e incluso de las naciones, llevado a cabo por los complejos económico-empresariales, militares, políticos y (muy importante) mediáticos, que ejercen el PODER a través de la subordinación de la clase política que hace el trabajo sucio, aplicando los dos elementos del poder: la propiedad y la fuerza.

Y así, necesitamos nuevos movimientos sociales que rebasen el marco de la lucha tradicional.  Si “la creación histórica de los nuevos movimientos sociales de los despojados, desregulados, subrogados, se enfrenta a una política de recolonización del mundo” debemos afrontarla con elementos adecuados, que, a día de hoy, ha planteado el zapatismo, que surge como “un nuevo movimiento que cambia la geometría política”, y busca esos las metas emancipadoras que redefinen tanto en las palabras como en los hechos, gritando por libertad, democracia, justicia. O, en palabras de Pablo Rodríguez Casanova: “para aclarar su posición, la geometría política de los zapatistas ya no sólo tiene centro, derecha e izquierda, sino abajo y arriba. Con ella quieren indicar que están a la izquierda con los de abajo. Pero, además, su geometría no es sólo bidimensional. En la práctica es una geometría móvil con redes y entramados de colectividades y colectivos presentes y a distancia, unos descentralizados y autónomos; otros –como el ejército defensivo, integrado alternativamente, por todos los comuneros–, con facultades autónomas para ciertas acciones que se les señalan y que pueblo y ejército respetan con una gran disciplina, y con conciencia de que son el pueblo del ejército y que con su ejército-como comunidad se protege de las invasiones, inundaciones, quemas, crímenes y despojos de que sin éste como fuerza defensiva sería fácil víctima.
Las redes de colectivos y colectividades no sólo son redes de comunicación, sino de acción y también de información y diálogo. La mayoría de ellas está entregada a la cooperación para la producción, para la distribución, para los servicios de alimentación, salud, educación, construcción de infraestructuras y viviendas, cultura. En esas redes los conceptos se definen con actos y también con palabras, lo que fortalece a unas y otras. En palabras y actos aparece la otra democracia, muy otra, la otra justicia muy otra, la libertad practicada con el saber de los pueblos que hoy combinan las técnicas digitales y cibernéticas con las tradicionales. El proyecto está muy lejos de ser primitivo o aldeano: es solidario, patriótico y humano” (1).

¿Nos hacemos zapatistas, o seguimos jugando al “menosmalismo” de la banda de impresentables que rigen todos los países, clases políticas indecentes que ceden al poder económico que gobierna el mundo? ¿Pensamos el mundo en otros términos, y tratamos de acabar con la colonización de nuestros propios países, o dejamos que sigan privatizando los servicios esenciales y pisoteando los derechos?

“Democracia, libertad, justicia”, pero, eso sí, MUY OTRAS…

NOTAS: (1) Otra política, muy otra: los zapatistas del siglo XXI (Pablo González Casanova, en La Jornada, 26 de enero de 2013) [podéis ver el texto completo en http://javiersoriaj.wordpress.com/2013/01/28/otra-politica-muy-otra-los-zapatistas-del-siglo-xxi/%5D

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Una respuesta a 211.- el “menosmalismo” como lógica política hegemónica

  1. partidos políticos y las agrupaciones políticas deberán presentar ante la comisión del Instituto Federal Electoral, los informes del origen y monto de los ingresos que reciban por cualquier modalidad de financiamiento, así como su empleo y aplicación”.

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