216.- el valor de una promesa

Hoy, Rajoy, en unas declaraciones, afirma que “no he cumplido con mis promesas electorales, (pero) al menos tengo la sensación de haber cumplido con mi deber“. Esto, en traducción fácil rajoyense-castellano, significa que las promesas no sirven para nada, y que obviamente el sistema está para que cada 4 años los “ciudadanos” voten el buffet libre a los partidos políticos, que hacen la ley a su medida. Para más inri, en su funcionamiento interno son menos democráticos aun, no pareciendo preocuparles demasiado en este caso el acatamiento de lo que reza la Constitución.

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Lo que me pregunto es si ahora la promesa/juramento que Rajoy y sus ministros hicieron al llegar al cargo (ante la santísima trinidad: el rey, la reina y el crucifijo) también pueden pasárselas por el forro siempre y cuando tengan la sensación de haber cumplido con su deber, aunque ese deber solamente sea con respecto a la cuenta corriente.

Claro que no son lo mismo “sus promesas” que “su palabra”. Hace unos días Esperanza Aguirre, con gran énfasis, y en relación al “caso Bárcenas”, expresaba que «El presidente ha empeñado su palabra en esta cuestión y a mí me merece el máximo respeto cuando alguien empeña su palabra en algo».

No sé por qué, me huele que la palabra del presidente vale aproximadamente lo mismo que sus promesas electorales.

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