224.- La escuela que quiero

A ver si nos dejamos ya de tonterías de escuela pública y laica y demás zarandajas, que eso no son más que polladas y volvemos a la esencia de lo español, al dominio de las conciencias por los curas, que ya está bien de que haya quien quiera enseñar a l@s niñ@s y jóvenes a pensar por sí mismos. Faltaría más.
Este es el modelo de aula ideal:

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Quizá falte que los chicos levanten el brazo en el glorioso saludo que los vencedores de la guerra por la salvación de la patria impusieron, pero tampoco se puede pedir todo en estos tiempos de descreimiento y anarquía. Lo dejaremos para dentro de un tiempo, cuando esta generación a la que no se enseñará a pensar, en nombre de la libertad de elección de los padres, exija que se les inculquen a sus hijos los verdaderos valores de lo español, esto es, los del glorioso nacionalcatolicismo que tan altas cotas de sabiduría humana y divina dio a nuestros niños tras vencer en la Cruzada. 

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Así es como debe ser. Qué tiempos gloriosos aquéllos, donde el orden y la verdad se imponían, donde los curas se encargaban de transmitir cariñosamente las verdades evangélicas, al mismo tiempo que “educaban” políticamente a unas generaciones que curiosamente se querían absolutamente despolitizadas y sin capacidad de pensar. Todos esos sacerdotes modélicos implicados en dar lo mejor de sí a nuestr@s niñ@s. 

Bueno, ya lo dejo, que se me llenan los ojos de lágrimas de pensar en aquellos tiempos gloriosos. ¡Qué nostalgia! Cuando España era España, una, grande y libre, y no el nido de rojos en que se ha convertido hoy en día.

Higuera de la Sierra (Huelva), 1962

¡Ánimo, patriotas, que con la LOMCE (la Ley Wert) en España empieza a amanecer y comenzamos de nuevo la andadura hacia la verdad de la sacrosanta iglesia católica y hacia el orgullo de pertenecer a la raza más gloriosa que habitado haya el planeta: la española, capaz de llevar a medio mundo la labor civilizadora que Dios le encomendó y de extender la verdad de la Iglesia. 
De una vez por todas, acabemos con la educación adoctrinadora de los “progresistas” que quieren hacer enseñar a pensar, y demos la educación verdadera de los verdaderos valores que inspiran la vida de la gente decente.
¡Adelante, ministro Wert, ni un paso atrás!

 

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