264.- Puaj, revolucionarios…

Los revolucionarios franceses luchaban, en principio, por la libertad y por la paz. Por eso mismo no podían admitir que sus enemigos también tuvieran derechos. Como defensores de la tiranía, no merecían sino el exterminio. Así, una vez alcanzada la victoria, la paz reinaría para siempre. Por desgracia, la ilusoria convicción de librar la última de las guerras solo contribuyó a un mayor encarnizamiento. En especial cuando se trató de aplastar rebeliones populares consideradas retrógradas” (Francisco Martínez Hoyos en la reseña a La primera guerra total, de David A. Bell, en Historia y Vida, nº 534)

Me sorprenden los liberales porque niegan sus orígenes. El movimiento liberal, que provoca las revoluciones liberal-burguesas que acabarán con el absolutismo, pone en el poder una nueva ideología que se impondrá por la fuerza de las ideas, pero también por la de las barricadas, por más que, cuando logre tomar el poder, margine miserablemente a las clases populares que les habían ayudado a lograrlo. A través del Estado de Derecho (derecho a usar la fuerza pública para defender las propiedades de los poderosos), articularán el Estado liberal, que no será democrático nunca, por más que poco a poco tenga que ir integrando las reivindicaciones más acuciantes del movimiento obrero (entendido en sentido amplio) para ir dando capas de barniz de democracia a un modelo social profundamente injusto y donde, incluso cuando se logre la supuesta participación universal, nunca será democrático en el sentido estricto.
De la mano del Estado liberal, pero no para acompañarle, sino para dirigirle y guiarle, el capitalismo que termina por imponerse en su vertiente industrial, marca el camino a seguir para política y sociedad.

Me sorprenden los liberales porque niegan las libertades, si bien es evidente que han debido ir cediendo a las más básicas para poder pervivir. La única libertad posible que plantean es la libertad de los poderosos de hacer todo lo necesario para mantener sus privilegios, la libertad de los (grandes) propietarios para garantizar la continuidad del sistema perverso de prebendas y la libertad del capital de explotar para optimizar el beneficio, único fin real del sistema ideológico y político liberal. El resto, palabrería ideológica para dar un marco teóricamente digno y ético a la explotación.

Así, continúa inalterable el encarnizamiento liberal para negar libertades y derechos al resto. Una vez realizada la toma del poder en nombre de la verdad absoluta liberal, y llevada a cabo en la calle a través del apoyo del pueblo, al que se marginará de las conquistas, que serán exclusivas para los propietarios, ya no cabe más enaltecimiento de la revolución.

De hecho: ¿llaman los liberales revoluciones a las revoluciones liberales? ¿y no les resulta raro? Ahora resultaría raro decir que el poder está en manos de quiénes está porque en la calle se luchó hace un par de siglos para lograrlo. Pero la memoria es corta (y el privilegio debe ser protegido), sospecho. El desprecio con que se pronuncia la palabra revolucionario marca esa negación de los orígenes y de las libertades que he planteado. Y creo que no me equivoco.

Puaj, revolucionarios que renuncian a sus orígenes revolucionarios para denigrar a los revolucionarios que luchan por las libertades que supuestamente propugnan los contrarrevolucionarios en origen revolucionarios. Uffffffff………….

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